Romano versus la daga (vii)
—¿Significa algo para usted esta frase? —el médico se quita los guantes de látex.
—No más que para usted —dice Romano—, o que para cualquier otro con un par de dedos de frente.
Romano inclina la cabeza hacia adelante, buscando otra perspectiva al cabo de la daga.
—No es más que una frase entre otras —dice Romano—. Sólo una persona muy religiosa podría encontrarle un sentido diferente al que le yo le encuentro.
—O un emperador, un césar.
—Efectivamente, ahora que lo dice, se parece mucho a las últimas palabras de Vespasiano.
El médico intenta recordar quién fue Vespasiano, en algún lugar leyó sobre él o alguien le contó hace poco alguna historia. Mira por la ventana. Va a decirle a Romano que Vespasiano es el emperador que dijo esas palabras, pero le resulta ilógico, porque se da cuenta de que Romano lo debería saber. De todas formas, el médico no alcanza a decir nada, porque la puerta del cuarto se abre de golpe y aparece la enfermera: es urgente. El médico va hasta la puerta y apenas oye lo que la enfermera tiene para decirle, cruza rápido la puerta hacia el pasillo, pero antes de cerrarla e irse mira a Romano:
—Hubo otro ataque —dice—, traen al herido para acá.
—No más que para usted —dice Romano—, o que para cualquier otro con un par de dedos de frente.
Romano inclina la cabeza hacia adelante, buscando otra perspectiva al cabo de la daga.
—No es más que una frase entre otras —dice Romano—. Sólo una persona muy religiosa podría encontrarle un sentido diferente al que le yo le encuentro.
—O un emperador, un césar.
—Efectivamente, ahora que lo dice, se parece mucho a las últimas palabras de Vespasiano.
El médico intenta recordar quién fue Vespasiano, en algún lugar leyó sobre él o alguien le contó hace poco alguna historia. Mira por la ventana. Va a decirle a Romano que Vespasiano es el emperador que dijo esas palabras, pero le resulta ilógico, porque se da cuenta de que Romano lo debería saber. De todas formas, el médico no alcanza a decir nada, porque la puerta del cuarto se abre de golpe y aparece la enfermera: es urgente. El médico va hasta la puerta y apenas oye lo que la enfermera tiene para decirle, cruza rápido la puerta hacia el pasillo, pero antes de cerrarla e irse mira a Romano:
—Hubo otro ataque —dice—, traen al herido para acá.
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