Descarga

Recibo un sms. Es de Marcos, dice: Veni rapido al banio q nesecito algien de extrema confianza. La reacción automática, sin levantarme del escritorio, es responder a su sms con otro sms: Que te paso??? Su respuesta, lacónica (veni carajo!!!), termina por movilizarme. Debe ser una joda, pienso mientras salgo al pasillo y camino presto hacia la puerta del baño de Caballeros, según reza el letrero. Marcos seguró que está ahí adentro con alguno de los flacos de legales tramando una joda o viendo el último número de la Maxim. Lo que sea que estén haciendo sin dudas es diez veces más provechoso que la redacción de una minuta. Entro apurado pero no hay nadie. Hay un olor insoportable, estos boludos tiraron una bombita de olor. Suelto una puteada con forma de lamento y estoy a punto de rajarme cuando oigo mi nombre en boca de Marcos, desde uno de los inodoros. Me inclino un poco y veo sus zapatos negros, suela de madera, en punta, brillosos. Sin duda es él, pero igual pregunto. Sí, boludo -dice Marcos-, ¿estás solo? Sí, boludo, dejate de joder ¿qué pasó? No sé, no puedo parar de cagar. Estás descompuesto, ¿qué mierda comiste? No, no tengo idea, no me siento mal, sólo que no puedo parar de cagar, ¿entendés? (suena el la descarga del depósito) Hace más de media hora que estoy acá sentado… Le pregunto si puede abrir y me dice que no, que ni loco. Le digo que voy a llamar a los de la guardia médica pero se niega, sólo quiere que me quede ahí, que no deje hablarle, cree que pronto dejará de cagar pero tiene miedo y no sabe por qué. Le digo que no sé qué decirle y me dice que le cuente algo, algo de la reunión. Le cuento que estoy escribiendo la minuta, y quiere saber de qué hablamos. Del proyecto Ombú, le digo, de qué otra cosa íbamos hablar. Contame los detalles, dice. (suena el la descarga del depósito) No puedo, sabés que por ahora es tema confidencial… mirá, digo enojado, si toda esta pelotudez es para sacarme información te podés ir bien a la mierda, somos amigos pero el laburo es el laburo. No, me dice, nada que ver, contame otra cosa entonces, pero no pares de hablarme, por favor, no puedo parar de cagar y tengo miedo y no sé por qué; no sé, hablame de tu vida, hace mucho que no me contás nada, ¿cómo está Sole? Bien, como siempre, haciendo lo que le gusta, por suerte; el finde fuimos a Montevideo y la verdad que la pasamos muy bien. (suena el la descarga del depósito) Me callo por dos segundos y lo escucho hacer fuerza. Entre dientes me ruega que le siga hablando. ¿Seguís cagando? Sí, no pares de hablar, por favor… (suena el la descarga del depósito) Pero te vas a deshidratar, tenés que parar, voy a llamar a la guardia, no podés seguir así. No pares de hablar, sigo cagando y tengo mucho miedo, no sé por qué. La voz le había cambiado, al borde de quebrarse: Contame más de Sole, sos un tipo con mucha suerte, ¿sabés?, no seas boludo, no la pierdas. (descarga del depósito). Quedate tranquilo que no la voy a dejar ir, tenemos ideas y vueltas, altibajos, como todas las parejas, pasa que ella quiere tener un hijo y yo pienso que no es el momento. Nos seas gil –su voz no era más que un quejido-, no existe "el momento". Sí, lo sé, si insiste un poco más voy a tener que aflojar, ¿vos me ves cambiando pañales? Esta vez Marcos no respondió. Me quedé expectante unos segundos, esperando la descarga del depósito, pero nada. Intenté abrir la puerta pero estaba trabada. Hasta ese momento nadie más había entrado al baño, pero las patadas que le di a la puerta seguro atrajeron la atención de la gente del piso.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sobre la postergación del deseo

Voy a cortar leña

Cuerpo sudado